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Las Virtudes Vicentinas

LAS VIRTUDES VICENTINAS

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1. Sencillez

San Vicente dijo, “es la virtud que más amo”[1], tanto que “yo la llamo mi evangelio”. “Tengo devoción especial y consuelo en decir las cosas como son”. Estas palabras pueden ayudarnos a identificar la sencillez en su significado real como verdad, sinceridad, transparencia. Vivir plenamente la sencillez nos ayudará a evitar ser falsos, decir una cosa y significar otra, o decir una cosa a la cara de una persona y otra a sus espaldas.

Estamos llamados a ser sencillos, a decir las cosas como son, pero, debo añadir, siempre con sinceridad hacia el otro. Como San Vicente nos dice, es la libertad para hablar a los otros “con plena confianza, sin ocultar o disfrazar nada”[2].

Hay situaciones que exigen vivir verdaderamente la sencillez: cuando los amigos se sientan y hablan, incluso sobre temas difíciles.

La sencillez debe estar también presente en los que quieren comprometerse en el seguimiento de Jesucristo en la Familia Vicenciana.

 2. Humildad

San Vicente la llama “la virtud característica de la misión. Oh santa virtud, qué hermosa eres. Oh pequeña Compañía, qué amable serás si el Señor te concede esta gracia[3]. De nuevo san Vicente llama a la humildad “la virtud de Jesucristo, … de su santa madre, … de los santos más grandes, … es la virtud de los misioneros”[4].

La humildad es la virtud que nos capacita para reconocer y admitir nuestras debilidades y limitaciones, creando así la posibilidad de confiar más en Dios y menos en nosotros mismos. Al mismo tiempo, lahumildad nos capacita para reconocer nuestros talentos, unos talentos que deben ponerse al servicio de los demás.

Es la virtud que permite a los pobres acercarse a nosotros. Es la virtud que nos ayuda a ver que todos son iguales a los ojos de Dios. Nos capacita, al mismo tiempo, para acercarnos a los pobres.

En oposición a los humildes, están ciertamente los soberbios de corazón, personas con una actitud de “yo soy mejor que el otro,” que miran a los demás por encima del hombro. La humildad es una virtud que capacita a los misioneros para inculturarse, en otras palabras, hacerse uno con los otros, especialmente con los pobres.

Como San Vicente dice en otro lugar, es un “abandono perfecto de todo lo que eres o puedes ser”[5] conconfianza en él que es nuestro único Señor, Jesucristo.

Una vez más, si se afianzan en la humildad, harán de la Familia Vicenciana un paraíso y las personas notarán lo felices que somos.[6].

 3. Mansedumbre

La mansedumbre es la virtud vocacional, como dice el mismo San Vicente, “un estilo amable gana los corazones y les atrae”[7]. Y de nuevo, “Si no se puede ganar a un hombre por la amabilidad y la paciencia, será difícil conseguirlo de otra manera”[8].

Otras palabras que podemos usar hoy con relación a la palabra mansedumbre, serían, bondadoso, cortés, amable, simpático. En un sentido está relacionada con la humildad en cuanto que es la virtud que permite al pobre acercarse a nosotros. Es la virtud que nos hace cercanos.

La mansedumbre no es agresiva, airada, ruidosa. Ciertamente es una virtud clave en la comunidad. Es la virtud que ayuda a construir la confianza de unos con otros, porque cuando somos amables, los que son tímidos se abrirán a nosotros. San Vicente dice “no hay personas más constantes y estables en hacer el bien que los que son mansos y amables”[9]

Un tema relacionado con la mansedumbre es el de la hospitalidad, que es una característica que debe distinguir a un miembro de la Familia Vicenciana: una persona acogedora; una persona que está atenta a las necesidades de los otros, y en particular de aquellos que han venido de lejos.

4. Mortificación

Estamos llamados a morir a nosotros mismos. Es la virtud que nos pide entregarnos totalmente, pensar primero en los otros, pensar primero especialmente en los pobres, antes que en nosotros mismos.

Como dice San Vicente, “los santos son santos porque siguen las huellas de Jesucristo, renuncian a si mismos, y se mortifican en todas las cosas”[10]. Y como dice también, “la oración y la mortificaciónson dos hermanas tan íntimamente unidas que la una nunca se encuentra sin la otra”[11].

Ayunar significa mucho más que privarse simplemente de comida. Es esa práctica tradicional cristiana, que nos ayuda a morir a nosotros mismos. Uno de los peligros en que fácilmente caemos es querer estar pendientes de nosotros mismos hasta el punto de no estar dispuestos, a veces, a hacer incluso algunos pequeños sacrificios por los demás.

Otro peligro es pensar primero en mis necesidades, mis ocupaciones y, por consiguiente, mi comodidad. Ahí está el

peligro de la no disponibilidad para dar un paso más por el otro. Como dice San Vicente, el don de la mortificación “solamente se consigue por la repetición de actos”[12].

5. Celo

 

El Celo por las almas (o pasión por la humanidad). San Vicente dice que “si el amor de Dios es el fuego, elcelo es la llama”[13]. Es la consecuencia de un corazón verdaderamente compasivo. Se trata de la pasión por Cristo, pasión por la humanidad, y pasión especialmente por el pobre. El celo es una virtud verdaderamente misionera.

Se expresa en la disponibilidad, la disposición para el servicio y la evangelización incluso cuando uno es mayor y está enfermo. Como dice San Vicente, “Y yo mismo, anciano y enfermo como estoy, no debería dejar de estar disponible, sí, incluso para ir a las Indias a ganar almas para Cristo”[14].

Relacionado con el celo está el entusiasmo, que llama a la acción. Como dice también San Vicente, “Amemos a Dios, hermanos míos, … pero que sea con el esfuerzo de nuestros brazos y el sudor de nuestra frente”[15].

Podemos entender el celo como una expresión concreta del amor efectivo, que está motivado por la compasión o, en otras palabras, el amor afectivo. Como afirma San

Vicente, “imagina entonces que hay millones de almas tendiendo sus manos hacia ti y que te llaman por tu nombre.[16].

 Consejo final

En el cultivo y la práctica de estas virtudes han de empeñarse muy cuidadosamente, pues estas cinco virtudes son como las potencias del alma… y deben animar las acciones de todos nosotros.

Este es un tiempo de gracia. Que sea para nosotros una gracia especial, que nos ayude a ser lo que estamos llamados a ser: miembros de la Familia Vicenciana, fieles en el seguimiento de Jesucristo, Evangelizador de los Pobres.

Notas:

Ficha del Artículo

Autor: Desconocido. • Este artículo contiene 1176 palabras. • Categorías: Espiritualidad vicenciana • Publicado el Lunes, 8 de marzo de 2010 por Javier F. Chento. Tomado de Somos Vicentinos.

1.SV I 284 [] 2.SV I, 284 [] 3.SV XII, 206 [] 4.SV XI, 56-57 [] 5.SV III, 279 [] 6.cf. SVX, 439 [] 7.SV XII, 198 []8.SV VII, 226 []9.SV XI, 65 []10.SV XII, 227 []11. SV IX, 427 []12.SV V,436 []13.SV XII, 307-308 []14.SV XI, 402 [] 15. SV XI, 40 []16.cf. SV I, 252 []

Espiritualidad

ESPIRITUALIDAD MISIONERA VICENTINA

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El siguiente material fue tomado de la web de nuestros hermanos vicentinos del Perú del anterior encuentro de Febrero en Curitiba Brasil:
 

ESPIRITUALIDAD VICENTINA

La espiritualidad Cristiana nace de una experiencia. Recordemos lo que nos dice el Papa Benedicto XVI: no comenzamos a ser cristianos por un dogma o una teoría sino por una experiencia; por esta experiencia, es que se subrayan unos elementos más que otros, es selectivo a partir de ella. Para SVP es Cristo Misionero evangelizador de los pobres, que lo conoció entre ellos. La espiritualidad vicenciana está fundada en el encuentro con Cristo en los márgenes de la sociedad. (Constituciones hoy). SVP va desarrollando su espiritualidad a la luz del magisterio y su propia experiencia de espiritualidad.

1.                 Cristocéntrica: Ser Vicentino no es simplemente servir a los pobres, es ser discípulo de Cristo sirviendo a los Pobres. Para Vicente la experiencia de Dios fue en Cristo evangelizador de los Pobres, es encarnacional y de redención, esto le enseñó que DIOS es PROVIDENTE, que ama a sus hijos y quiere salvarlos de todo mal, a Él mismo lo liberó de su egoísmo, y lo llevó al servicio-salvación; esta vida no fue para sí sino para servir al necesitado.

2.                 Los Pobres: Como el lugar especial del encuentro con Dios. El encuentro principal, no único, con Cristo es en los Pobres. Son el punto referencial para cualquier otro encuentro con Jesús. Para el vicentino el encuentro con Jesucristo se da entre los Marginados, pobres. SVP dice que los pobres nos representan a Jesús. SVP, XI, 725. Como ello no es tan evidente, se trata de una experiencia de Fe, que precisa la contemplación: ser contemplativos en la acción, sin contemplación no se encuentra a Jesús en los Pobres. Servimos al pobre, pero luego en la oración y la lectura del evangelio en nuestra vida, nos hace descubrir a Jesucristo presente allí, en ellos. Es necesaria la conversión de nuestra sensibilidad, para ver a Jesucristo en los momentos y lugares no agradables, para ver a Cristo en los pobres.

3.                 Secular: La espiritualidad Vicenciana se realiza en el mundo. Se vive en medio del encuentro entre personas, en relaciones humanas, sobre todo en las relaciones con el Pobre, (relacionarse a la manera de Cristo, incluyendo a todos a su proyecto, ayudando a vivir y convivir los que se conocía como “perfectos” con los imperfectos, a la manera de hermanos, con identidad de comunión, Tú también eres uno de los que estaba con Él, le dicen a Pedro. San Vicente lo comprendió bien, la misión en el mundo, y especialmente en el mundo pobre se hace en fraternidad, no solo comunión de bienes, sino también de vida y aun más en comunión de afecto…). El camino de la santidad vicentina nos conduce a la casa del pobre y no a la capilla. La oración es un medio y no un fin de nuestra espiritualidad, el fin es Amar a Dios y Amar al Pobre. Y lo hacemos en el mundo, en la preocupación de la renovación del orden temporal. ChL, 15.

4.                 Para la misión: La iglesia existe para evangelizar, EN. 14 y 9. Es predicar de obra y de palabra, corporal y espiritualmente, es salir del centro para ir a la periferia, es entrar en otro mundo, el mundo de los pobres; es acompañar en la búsqueda de Cristo y su reino. Es ver el mundo desde abajo, es escuchar, escuchar al pobre, lo que él piensa y quiere, es un cambio socio cultural, no solo geográfico. Las virtudes vicentinas son medios de vivir la misión. Las virtudes no son solo actos de ascéticos, sino medios para superar los obstáculos y las dificultades que surgen en la misión. Nos permiten abrir la vida a los pobres. (Para mí, como dicen los urbanistas, sociólogos modernos, la marginalidad llegó al centro pero lamentablemente de una manera violenta. Esto que llamamos dos mundos, para el evangelizador es el mundo, no existen dos, es nuestras mente que promueve la separación, entonces es preferible ver la unidad, la unificación del mundo, como lo es la propuesta de Jesús en comunión, en fraternidad, es integrar al otro, integrarme con el otro, no es necesario desplazarnos, es importante amarnos, que permite las diferencias pero no las exclusiones, no quiero negar la necesidad de la liberación que facilita la fraternidad, no ignoro la realidad, la propuesta de Jesús no es separar, dividir, contraponer, es hacer una sola realidad. Lo fundamental es que podamos ser hermanos, esto trasforma todo, no se precisa la igualdad, solo basta reconocer la dignidad)

5.                 Caridad vivificadora: La prueba de cualquier espiritualidad es la Caridad. Y la caridad se concreta en la solidaridad con los pobres. La caridad toma muchas formas, Vicente comienza con las necesidades de los pobres y luego desarrolla una respuesta adecuada, que libera del mal que aflige la vida. La caridad es siempre encuentro entre dos personas. En el encuentro con el pobre Dios actúa en ellos pero también en nosotros. Llegamos a ser menos egoístas más libres. (Para mi, la caridad es mas el decidir vivir como hermanos, integrándonos en nuestras acciones, buscando la fraternidad del evangelio, que nos permita compartir hasta lo material sin destruir la dignidad de la persona, por que el hombre pobre no necesita ser liberado, Él mismo lo hace por si, cuando es reconocido en su dignidad de persona, cuando es tratado como semejante, para poder vivir en comunión que este es el paso de hoy, el mundo necesita de la fraternidad, al estilo de Jesús)

6.                 Contemplación – acción: la experiencia cruda del encuentro con el pobre no conduce inevitablemente a Cristo, es preciso otra óptica, y todo cambia. Cuando Vicente contempló su experiencia con los pobres a la luz del evangelio, descubrió a Cristo presente. La oración vicentina no es algo separado de la vida, es contemplar la vida real, es una visión más profunda del mundo, desde la perspectiva de Dios. No es un refugio ni un oasis de olvido, búsqueda de ideas bonitas, no es crear una fantasía, experiencias extáticas, y huida. La perfección no consiste en éxtasis, sino en cumplir bien la voluntad de Dios SVP, XI, 210. Encontrar la voluntad de Dios es el resultado de la unión entre la oración y la acción. ( Para mí: La óptica necesaria hoy es de la dignidad del hombre, de la persona, para que liberados de concepciones clásicas de mundos económicos, podamos ver a Cristo encarnado, realizando el Reino de Dios que tiene que ver con la fraternidad. No basta con vernos iguales, eso no es posible, es necesario descubrirnos en dignidad y amarnos como hijos, como Hermanos)

Con los laicos: Ve más allá de las expectativas e inventa algo nuevo. No hagas todo el trabajo tú solo, hay que explorar nuevos senderos, crea nuevas estructuras, incluye a otros en tu misión.

San Vicente ya no toma él todas las decisiones, consulta a los laicos, ellos tienen voz en el proceso de tomar decisiones. Es aprender a recular para que el laico vaya adelante. LG. Todos hemos sido llamado a ser discípulos,(Aparecida).

Hoy es urgente acompañar al laico en el camino de la espiritualidad vicentina. Es decir, encontrar a Cristo en los pobres, es acompañarlos en el proceso de vivir la caridad solidaria con los marginados. (Para mí, la misión con el laico es ayudarle a descubrir, discernir este hecho fundamental de la fraternidad, para incluir al otro, al pobre, en el proceso de su vida, en su mundo, es hacerlo parte de su vida, de sus valores, de sus cuidados, de su amor, de su existencia plena, es ser capaz de dar la vida por él, es incluirse en el mundo del Pobre. Es caminar con el otro, es permitir que camine conmigo. Ejemplo: seguramente conocemos o hasta nosotros lo habremos experimentado, que somos grandes amigos y compartimos todo, cuando vamos a la casa del otro, (pobre, analfabeto, vicioso etc.) cuando estamos en su mundo, pero cuando ese mismo Otro (pobre, analfabeto, vicioso etc.) viene a nuestra casa a nuestro mundo nos sentimos invadidos, sentimos que enmaraña nuestros quehaceres…es eso. No es sólo ser hermano para el otro sino dejar, aceptar, permitir, asumir, decidir que el otro sea mi hermano. )

Una hermana dijo un día: “No comprendo por qué si los pobres son nuestros amos y señores, guardamos lo mejor para nosotros.”